Caca embolsada

Hace algunos años comenzó en el país la moda de obligar a los dueños de mascotas (léase, perros) a recoger la caca de sus animalitos en una bolsa y echarla en un tacho especial. Aparecieron nombres rimbombantes para intentar hacerlo más ameno al público —«Pufican», por ejemplo— pero el nombre da lo mismo. Lo importante para la mayoría es que hay ordenanzas municipales que convierten aquel pedido razonable en una obligación bajo pena de multa —como si alguna vez hubiésemos estado felices con los alcaldes que tenemos.

La idea de tener menos excretas en las calles no es mala. Nunca he visto a nadie sentir felicidad al pisar ya sabes qué, así que evitar que las calles y parques se conviertan en un «campo minado» es más que razonable. La forma en que se está pidiendo a la gente hacerlo es la que necesita mejorar.

¿Por qué? Porque las excretas suelen recogerse en una bolsa de plástico. ¿Y qué tiene eso de malo? Que es un material demasiado duradero para esa función. La ciencia no ha podido determinar con exactitud cuánto tiempo tarda en degradarse (eso, si se degrada) y que, en general, se asume que dura para siempre. A pesar de que se ha tratado de inventar nuevos tipos de plástico biodegradables, la verdad es que todavía no se ha logrado crear un plástico que se descomponga naturalmente en un tiempo razonable. La más rápida demora varias décadas en descomponerse.

Y esto, lamentablemente, nos deja dos posibilidades:

La primera es que todos involucrados estén haciendo lo que tienen que hacer. Es decir, que los dueños de canes estén recogiendo la caca de sus perros en bolsas de plástico y las estén echando en el tacho asignado, que el municipio esté recogiendo todas las bolsas, las abra una por una para extraer las heces y fabricar abono, y luego dé a la bolsa el tratamiento adecuado para que sea reciclada y evite contaminar aún más el planeta en el que vivimos. La segunda —y la más probable— es que estemos creando, sin saberlo, un extrañísimo almacén de caca embolsada «a lo largo y ancho del territorio patrio» para que las futuras generaciones vean qué hacen con él.

¿Posibles soluciones para esta situación? Solo se me ocurre una: Motivar el uso de papel toalla, que es ligeramente más grueso que el higiénico, en lugar de bolsas plásticas. Y para evitar que la caca envuelta en papel atraiga moscas, cucarachas, y cause malos olores, sería excelente complementar lo anterior instalando contenedores con tapa en los parques.

La idea de recuperar las heces para hacer abono es buena, pero llenar la tierra de microplásticos no. Ojalá que todos los alcaldes y dueños de mascotas entiendan esto y hagan lo necesario para tener un Perú mejor para todos, no solo ahora sino en el futuro también.

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