Comienzan las clases
Comienzan pronto las clases en todas las escuelas, así que me pareció una oportunidad excelente para recordarle tanto a los padres como a los alumnos unas pocas verdades básicas acerca de la educación (que nadie debería ignorar u olvidar):
Para los alumnos
La primera de ellas es que a la escuela no se va a estudiar; se va a aprender. Las cosas salen mucho mejor cuando uno va con la actitud correcta.
La segunda es que hay una diferencia enorme entre verdades, opiniones, sandeces y mentiras. Para tener un Perú mejor no necesitamos que todos sepan el año en que nació Cervantes. Necesitamos personas que sepan pensar —individuos que sepan cuestionar lo que les están diciendo antes de aceptarlo; que sientan que pueden pedir demostración de lo que les dicen; que sepan juzgar si esas demostraciones que les ofrecen son válidas. Ir a la escuela sirve para mucho más que para aprender datos sueltos sobre varios temas.
La tercera es que todos podemos aprender todo. Algunos necesitarán menos esfuerzo para aprender ciertas cosas porque nacieron con el talento o la vocación para hacerlo, pero el tener dificultades con algún curso no es excusa para echarse para atrás o rendirse. Un joven necesita aprender el valor de perseverar y de esforzarse; y también el de ganar y perder.
La cuarta es que el tiempo de descanso es casi tan importante como el tiempo de estudio. Una vida estudiantil sana tiene tiempo para todo, incluyendo jugar y descansar.
Y la quinta y última es que los mejores alumnos son los alumnos sanos. La salud, la alimentación y el ejercicio son muy importantes. No deben descuidarse.
Para los maestros
Y para ti, maestro, también tengo un mensaje. Son muchas las cosas que tú puedes hacer para que tus alumnos tengan una mejor educación:
Empieza por darle al programa de clases la importancia debida: la número dos. El trabajo de un educador no es cumplir plenamente con un programa de clases. El trabajo de un educador es cambiar la vida de sus alumnos, ayudándoles a aprender a ser buenas personas. Si esa no es la prioridad de tu trabajo, simplemente serás «un profesor más». Y «un profesor más» es un desperdicio. Lo que necesitamos en el Perú son profesores de aquellos que te cambian la vida. No importa si son unas sabandijas malagradecidas ahora. No lo serán siempre.
Continúa por motivar en tus alumnos el deseo de aprender. Aceptémoslo, en muchas casas los hijos son educados por las pantallas; y las pantallas están llenas de estereotipos (como aquel que hace creer que estudiar es algo despreciable, solo para «cerebritos»). Tú sabes cómo es la vida real. Tienes muy claro que son los que saben y los que hacen los que logran las cosas. Motívales a aprender, más que a aprobar. Tus alumnos muy probablemente no lo entenderán ahora, pero lo entenderán después.
Haz tu clase increíble. Hazla tan increíble que los alumnos se mueran de ganas de escucharla. Si logras que digan, «¡No!, ¡no falto ni loco porque me toca clase con(tigo)», ganaste la gloria, pues esos son los profesores que hacen falta.
Y, finalmente, vuélvete el profesor del que nunca se olvidan. Hace unos meses me encontré con una alumna mía, diez años después, y doy testimonio de lo lindo que es escuchar de los labios de tu ex pequeña «sabandija» que le cambiaste la vida, que fuiste su gran influencia para aspirar a más de lo que tenía pensado al principio, y que te grabaste en sus recuerdos.
Esos son los profesores que no tienen precio… y los que necesitamos.