Cómo trabajar bien

No soy millonario, pero creo que he tenido una carrera exitosa hasta ahora. Todas las compañías para las que he trabajado me han enseñado mucho, y casi todas las veces que he salido de un puesto de trabajo, de algún modo o de otro, mi jefe siempre me dijo que he sido «el mejor empleado que han tenido», por lo menos en bastante tiempo.

No quiere decir que haya sido perfecto. Por el contrario, he metido la pata varias veces (como cuando eliminé el perfil de un cliente del sistema —¡oh!, esa sí que fue una historia). Sin embargo, siempre me las arreglé para salir de las situaciones incómodas con una disculpa, una sonrisa y las medidas adecuadas.

Ahora que me estoy volviendo mayor, creo que ha llegado el momento de pasar la antorcha y compartir con la siguiente generación uno de mis más caros secretos: cómo me convertí en aquel empleado al que casi todos sus jefes le dijeron «eres el mejor empleado que hemos tenido por aquí» una y otra vez.

La historia comenzó cuando tenía 25 años. Acababa de ser contratado para enseñar inglés en un pequeño centro de idiomas de la ciudad. Estaba a pocos minutos de empezar mi primera clase y estaba hasta ligeramente emocionado por ello. Pero cinco minutos antes de entrar al aula, mi jefe me llamó a su oficina para hablar un momento.

«¿Quién va a pagar tu sueldo?», me preguntó.

Dudé por un momento. ¿Por qué me estaba preguntando eso? Después de todo, él era mi jefe y acababa de contratarme un par de días atrás…

«Pensé que usted lo iba a hacer, señor», le dije.

«Es lo que todos piensan, pero están equivocados», me contestó. «Tus estudiantes, aquellas personas que van a estar dentro de tu aula todas las clases, ellas son las que van a pagar tu sueldo. Yo recibo el dinero porque es mi trabajo como jefe de ventas de la compañía; pero ellos son los clientes. Ellos son los que van a pagarnos a ti, a mí y a todos los demás en esta empresa».

Después de decirme esto, añadió que si yo daba un buen servicio, ellos vendrían a estudiar contentos y recomendarían la academia; lo que a su vez permitiría traer más estudiantes y crecer.

Desde entonces, cada vez que he sido contratado en un trabajo, he sido un empleado muy centrado en el cliente, he hecho lo que he pensado que era mejor para él (aun dejando un poco de lado lo que hubiera sido mejor para la empresa). Incluso en aquellas pocas ocasiones en las que pensé que mi supervisor iba a matarme (como aquella ocasión que mencioné, cuando eliminé el perfil de un cliente por error), todo salió bien. No se perdió al cliente y eso siempre es lo importante.

Hasta la próxima.