Un pensamiento sobre el Halloween en Perú
Como muchos, aproveché el feriado del 1º de noviembre para salir un rato en la víspera.
Y, como suele pasar en nuestras calles, la noche libre queda dividida entre las celabraciones de Halloween y el «Día de la canción criolla». Se ve un poco de todo durante esta noche. Se ven niños disfrazados pidiendo dulces; gente haciendo cola para entrar a una peña; discotecas ofreciendo fiestas. Algunos, salomónicamente, decoran sus locales con guitarras cubiertas con telarañas para dar gusto a ambas partes.
Me reí, bebí un poco, la pasé bien; pero cuando volví a casa a descansar e hice el recuento de los daños a mi billetera me di cuenta de algo que todos deberíamos tener un poco más en cuenta:
Las empresas han inventado —y principalmente tergiversado— varios días a lo largo del año para dar a la gente algo que celebrar. Y nosotros, zonzos, seguimos la tradición, gastamos nuestro dinero y terminamos con resaca y hasta deudas la mañana siguiente.
Las principales fechas, desde luego, son las siguientes:
- 1º de enero, Año Nuevo
- 14 de febrero, Día de San Valentín
- Semana santa, en marzo o abril
- Segundo domingo de mayo, Día de la Madre
- Tercer domingo de junio, Día del Padre
- Tercer domingo de agosto, Día del Niño
- 31 de octubre, Halloween y Día de la Canción Criolla
- 25 de diciembre, Navidad
Y a ellas agreguémosle varios días absurdos que tenemos en el calendario peruano, tales como los días del amigo, del pollo a la brasa, del pisco sour, la semana del chilcano o los cyber, algunas veces al año.
Entiendo el deseo y la necesidad de vender de los negocios, y entiendo aquella actitud de valerse de todo lo que sea posible para tener una venta más. Pero también hay que pausar y ponerse a pensar a veces en las consecuencias que mantener ciertas tradiciones tiene, a la larga, en la sociedad peruana.
La que más me preocupa es que quien las siga se vuelva cada vez más y más borrego y consumista.
La segunda que más me preocupa es que, ellos mismos, en el futuro, intentarán mantener aquellas tradiciones zonzas con las siguientes generaciones.
¿Sabes por qué me preocupa? Porque, para tener un Perú mejor, necesitamos exactamente lo contrario. Necesitamos gente que piense por sí misma y tome sus propias decisiones.